Ciclos

Los ciclos o repeticiones de eventos (extra)ordinarios están presentes en todo nuestro entorno.

El mejor ejemplo lo encontramos en la naturaleza: las estaciones, la migración de los animales, el ciclo del agua… todo ese conjunto de acontecimientos que se llevan a cabo en un tiempo determinado y que al finalizar, vuelven a comenzar.

Lo mismo ocurre en nuestra vida, hay una infinidad de ciclos, desde nuestro nacimiento hasta la muerte.

¿Qué tiene de especial entonces conocer los ciclos por los que vamos atravesando?

Ya sean de creatividad, plenitud, depresión, apertura, introspección o solidaridad.

Para mí lo especial es el aprendizaje y las ventajas que podemos obtener de ellos.

Cuando estamos pasando por una racha de alegría, dicha, éxtasis, etc, nos ponemos a pensar que eventualmente va a terminar, así repentinamente, sin preámbulos ni advertencias.

Entonces estamos disfrutando el momento o ¿estamos aprehendidos de él? Y qué pasaría si nos encontráramos en el instante previo a conseguir nuestros sueños, el poder sentirlos tan a la mano como el dispositivo en el que estás leyendo estas líneas. ¿También temeríamos a que se acabe el momento? ¿Aún si todavía no es nuestro?

A diferencia de los de la naturaleza, los ciclos relacionados con nuestra personalidad, por fortuna sí pueden ser creados y modificados.

No es casualidad que ciertas situaciones o personas con características similares se nos presenten una y otra vez.

Esta “causalidad” sucede para enseñarnos algo, para asistirnos en sanar y transformar nuestra realidad, para ayudarnos a dar un nuevo giro, conectar con nuestras emociones y reencontrar el camino perfecto para nosotros.

Una valiosa herramienta para crear nuestro entorno consiste en llevar el registro de los ciclos por los que vamos atravesando y así tener un panorama más completo, recopilando las circunstancias externas, su duración y características.

Una vez que logramos (des)hacernos de los ciclos que queremos, ¿cómo vamos a permanecer en el estado óptimo del ser? Alegre, pleno, radiante…

Ese estado está ahí todo el tiempo, a nuestro alcance, co-existiendo, es el principio y el fin fusionados, lo único que debemos hacer es sintonizar su frecuencia, conectar con el sentimiento de Unidad.

Y quien sabe, a lo mejor los ciclos de la humanidad se pueden sincronizar en un mismo latido, pulsando amor, paz y armonía una y otra vez…

 

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