Morir y renacer

Todo el Universo está en constante movimiento, nosotros, como parte de esa conciencia colectiva, no estamos exentos.

Morir es transformar, evolucionar, cambiar de un “estado” a otro, por lo tanto la muerte es parte de nuestro día a día. Morimos a ciertos patrones que ya no nos sirven, a hábitos que ya no nos nutren, a recuerdos que se han vuelto obsoletos, a conductas intransigentes, a relaciones… Entre 50 y 250 millones de nuestras células mueren cada día para ser reemplazadas.

Vivimos un constante duelo, soltamos y nos movemos de lugar para dejar entrar lo nuevo, lo que va a asistirnos en nuestro próximo nivel evolutivo.

Agradezcamos la oportunidad de morir pero también de renacer cada día, de sensibilizarnos ante lo frágil y a la vez renovadora que es la vida.

Lo importante es no dejar morir aquello que nos llena, que nutre nuestra esencia, como nuestros sueños, hobbies, anhelos.

Y cuando pensemos en los que ya partieron, recordemos que nunca estamos solos, como dijo Chartres “Somos grandes porque estamos parados sobre los hombros de gigantes que vivieron antes que nosotros”

En resumen todos somos Uno.

Y la conexión que se forma a través de nuestros corazones no conoce de tiempo ni espacio, es infinita.

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“Algunas personas necesitan más espacio para seguir brillando. Se elevan hasta el cielo, iluminando el firmamento en forma de estrellas. Aunque no estén junto a nosotros, su luz continúa resplandeciendo…” 

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