
Creo que la manera en que interactuamos con los demás, está sumamente ligada al vínculo que mantenemos con nosotros mismos.
Esta teoría es una gran herramienta, ya que observando nuestras actitudes y palabras hacia otros, podemos mejorar nuestra relación personal.
¿Cómo reaccionamos ante las desilusiones? ¿Nos sentimos enojados con nosotros mismos? ¿Cómo nos hablámos en el día a día? ¿Nos tratamos con respeto? ¿Cómo nos consolamos ante las frustraciones y tristezas?
Influye mucho todo lo que vivimos de niños.
Algunos autores sugieren una conexión entre la manera en que los adultos nos ayudaban a tranquilizar en situaciones de crisis y lo que ahora hacemos de grandes por “auto confortarnos”. Esto es de gran utilidad para poder cambiar lo que se ha vuelto obsoleto: creencias, memorias y conductas que no son las más óptimas. También para incluir aquello que nos hacen sentir validados, respetados y escuchados.
Lo ideal es poner total atención a los pensamientos y emociones que tenemos cada vez que nos referimos a los demás. ¿Los vemos iguales a nosotros? ¿Descubrimos lo mejor en ellos? ¿Confiamos en que pueden lograr lo que se proponen? ¿Creemos que cada quien hace su mejor esfuerzo? Estos conceptos ¿Los hemos adoptado de nuestras familias? ¿De la sociedad?¿Cumplen con un propósito amoroso?
Al tratar a los demás como nobles, entonces también nos consideramos a nosotros mismos como tal. Y por nobleza me refiero al ser distinguido por nuestras virtudes y servicios. El emperador romano Séneca consideraba la verdadera nobleza del hombre obedeciendo a la recta razón, teniendo una alma justa, adornada por la sabiduría y la virtud.
Si comienzo por enfocarme en mí mismo, en el trabajo necesario para contribuir a la expansión de mi conciencia, estaré también contribuyendo a la expansión de la conciencia colectiva.
Teniendo fe en los demás, en que cada quien lleva su proceso individual y a su propio tiempo, cultivo la paciencia, la comprensión, la tolerancia y el amor propio.
Aunque siempre confiemos en las personas y apostemos por lo mejor, quizás no todas las oportunidades tengan final feliz, pero la relación con nosotros mismos si será infinitamente feliz.
Recordemos que nuestros pensamientos tienen el don de la manifestación, todo lo que creemos se vuelve tangible, por lo tanto qué mejor regalo a la humanidad que pensar lo mejor de todos.
A fin de cuentas quién es el otro sino una versión diferente de mi.


