Siempre que nos planteamos una pregunta, el Universo contesta, solo hay que estar atentos para poder escuchar.
Hace unos meses estuve algo desanimada al enterarme de los retos que algunas personas que trabajan por añadir luz al planeta tuvieron que vivir.
Al paso de una o dos semanas, en una conferencia me dieron la respuesta como si acabara de hacerle la pregunta a la expositora “Los desafíos que experimntamos son la entrada para conseguir la maestría” Y quién mejor que ella que compartía las dificultades de su propia historia con nosotros.
Como toda información que recibí, mi mente la estuvo procesando por un tiempo antes de llegar a mis propias conclusiones y aprendizajes. Poco a poco mi subconsciente empezó a “hilar” los distintos mensajes.
Alguna vez leí que debemos ofrecer nuestros logros y triunfos para continuar atrayéndolos. En ese momento entendí la razón detrás de las ceremonias donde se reconoce el esfuerzo de los deportistas, doctores, maestros, etc.
Ese reconocimiento es realmente para todos, al ofrecerlo a los demás, lo estás poniendo a su alcance, tu historia sirve de inspiración para que por vibración, surjan otros acontecimientos similares.
Mi faceta deportista, la cual ya no es ni lo remotamente intensa que era antes, disfruta ponerse retos y descubrir el alcance de mis capacidades físicas.
Una parte de mi entrenamiento consiste en hacer varias repeticiones en un determinado tiempo, cuando llevo más de la mitad y el cansancio se acumula, mi mente comienza a valorar dos opciones, rendirme y decidir ya no hacer las últimas, sabiendo que la repercusión de esta decisión me va a estar acompañado por el resto del día o hacer un esfuerzo y de algún modo, obtener energía extra. Me voy por la segunda opción y automáticamente empiezan a llegar a mi mente todas las personas que día a día luchan por construir un mundo mejor y se enfrentan ante obstáculos y retos difíciles de sobrellevar. Entonces decidí ofrecer mis últimas repeticiones a todas esas personas, imaginando que de alguna forma mi esfuerzo es un granito de arena para poder acumular la fortaleza que necesitamos como humanidad y como por arte de magia, la energía que requería, empieza a hacerse tan perceptible que el cansancio se desvanece.
Hay una similitud en el sentimiento que generan las historias de los oradores motivacionales, su vida inspira a quienes los escuchan, las personas se sienten identificadas.
Al contar tu propia lucha, te estás abriendo para que los demás también formen parte y entre todos podamos apoyarnos, impulsarnos, motivarnos…
Al alegrarte por los triunfos de los demás como si fueran los tuyos estás sumando a la felicidad colectiva. Tu energía positiva sintoniza con la abundancia y fuerza creativa del Universo.
Así que cada logro, triunfo, lucha, reto que obtengas, dedícalo, y quién sabe, tal vez en un futuro cercano sean mayores las celebraciones y menores (o casi nulas) las dificultades…


