
Es asombroso el acceso que tenemos hoy en dia a la información relacionada con temas energéticos/espirituales. Es muy sencillo contestar un test para averiguar el color de tu aura, el nombre de tu alma gemela o quién fuiste en vidas pasadas.
Me hubiera encantado que esta facilidad para encontrar respuestas empezara antes, pero sobre todo, contar con las herramientas necesarias para transformar mi entorno.
Desde pequeña ha habido lugares que me han afectado energética o emocionalmente, lo chistoso es que ni siquiera hice conciencia de esta relación malestar-espacio hasta hace apenas unos meses.
Lo más curioso es que esos efectos energéticos se acentuaron durante mis embarazos, más de una vez me tuve que salir de la sala de cine con contracciones bastantes fuertes. Al principio llegué a pensar que me sugestionaba, sobre todo tratándose de películas violentas o de mucha acción. Hasta ahora me doy cuenta que no era la película lo que me afectaba, sino las energías acumuladas en la sala de cine. Imagina la cantidad de emociones que provocan las películas, desde tristeza, enojo, tensión, melancolía, miedo, etc, ahora multiplícalas por cada función y por cada día de la semana.
Aislarme y dejar de vivir como un ser sociable, no es la opción mas recomendable, así que puse en practica lo que poco a poco he ido aprendiendo.
No es necesario decir ni hacer algo en especifico, con la intención es más que suficiente.
Primero, a través de mi corazón, conecto con mi luz interior. Después pido que todas las emociones y energías acumuladas en determinado lugar, sean transformadas. Me gusta imaginar un remolino resplandeciente que poco a poco va aspirando aquello que no vibre en una frecuencia armoniosa. Por último, visualizo que el lugar comienza a llenarse de mucha luz.
Con la práctica vas desarrollando tu intuición para pulir la técnica de “limpieza” energética, el chiste está en confiar en tu interior.
Después de analizar lo que pasa con nosotros, podemos comprender mejor cómo se sienten los niños después de estar en lugares tumultuosos o muy “cargados”, nosotros pensaríamos que simplemente acaban “cansados” pero la verdad es que son mucho más sensibles. Podemos ayudarlos ejercitando su conciencia, enfocando su atención en cómo se sintieron antes, durante y al terminar la actividad en un lugar especifico. De esta forma pueden darse cuenta de la diferencia entre sus emociones y las de su entorno. Un buen ejemplo es un partido de fútbol, ellos mismos han experimentado cómo la euforia, el enojo o la alegría se contagian en el estadio.
Algunas actividades de gran utilidad para ayudarnos a regresar a nuestro centro son: escuchar música tranquila, contactar con la naturaleza, caminar descalzos en el pasto, escribir, respirar conscientemente…
No hay limites, una vez que somos conscientes de nuestro propósito, la intuición, la creatividad y la fé nos proporcionan todas las herramientas que necesitamos.


