La esencia de la oración

Una vez vi un video de Gregg Braden acerca de la oración y la ciencia de los milagros que llamó mucho mi atención. A muy grandes rasgos, habla de cómo nuestra energía, ya sea encausada por un sentimiento o un pensamiento constante, puede “crear” o “modificar” nuestra realidad, tanto positiva como negativamente.  Basta con observar nuestro entorno y en especial a nosotros mismos para darnos cuenta de su alcance. ¿Cuántas veces imaginaste algo con tanto fervor hasta que se hizo realidad? O por el contrario, aquello que creíste que nunca pasaría, ¿en verdad jamás ocurrió?
Braden recorrió varias culturas orientales intentando conocer mejor sus “técnicas” para rezar y a la conclusión que llegó es que el rezo en sí no se puede “ver” únicamente vemos las cosas que hacemos para crear un “sentimiento” y ese sentimiento es la oración. Debemos actuar como si la oración ya fuese un hecho. Si pedimos que haya paz, estamos afirmando que actualmente no hay paz, debemos evocar el sentimiento de paz en todo nuestro entorno como si ya existiera.

En lo personal me gusta mucho la definición de oración del kabalista Yehuda Berg, él dice que “las palabras y letras que la componen, conectan nuestra alma a dimensiones espirituales en las que sumamos toda la ayuda divina para alzarnos por encima del ego, de nuestra naturaleza reactiva y de todo aquello que nos impide conectar con la luz del Creador”. Esta definición me parece de suma utilidad para que, una vez identificadas las conductas que deseamos cambiar o sanar, podamos contar con toda la asistencia espiritual para lograrlo.
Creo que en nuestra cultura, hemos enfocado la oración en el sentido de “petición”. Como si conociéramos con exactitud el panorama completo, demandamos en vez de escuchar. Pienso que la oración debe ser una conducta más pasiva que activa.
Rezar no es pedir por lo que creemos que queremos, para mi, rezar es vaciar nuestra mente para que podamos recibir la luz, llenar nuestro corazón, agradecer y dejarla trabajar de acuerdo a nuestro propósito, individual y colectivo.
Si nos enfocamos en el bien mayor, el Universo trabaja de manera milagrosa para que todos logremos cumplir nuestras metas en armonía. Lo bueno que proyectamos regresa a nosotros.

Mientras escuches tu corazón, hagas lo que amas y ayudes a los demás, ya estas contribuyendo a un mundo mejor.

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