
El apego es un tema que siempre me ha llamado la atención, ese vínculo afectivo que surge por la necesidad del contacto social. Varios autores lo ven como algo contraproducente, así que proponen algunas técnicas para trabajar el desapego.
La filosofía budista dice que desde el momento en que obtenemos algo que deseamos (un objeto, un proyecto, una relación, etc) a la par, empezamos a desarrollar el miedo a perderlo. En resumen: todavía ni lo hemos disfrutado cuando ya estamos pensando que no durará para siempre.
Claro que hay diferentes niveles de apego, para mi, el más fuerte es el que desarrollamos con nuestros seres queridos.
Algo que me parece relevante para tratar este tema, es indagar en el significado que le dimos a las separaciones que experimentamos a lo largo de nuestra vida. Cuando nos dejaron en la escuela por primera vez, cuando nos fuimos de intercambio, cuando nos salimos de casa de nuestros papás, etc.
No es lo mismo una separación temporal por un viaje, por ejemplo, a una separación mas “definitiva” como un divorcio.
Ahora, si lo llevamos al extremo de una separación “permanente” como la muerte, el escenario se convierte en el más drástico de todos.
Recuerdo que de niña me gustaba imaginar que las personas fallecidas se encontraban de viaje, que su boleto de regreso estaba “abierto” y en algún momento experimentaríamos un reencuentro con gran entusiasmo.
Entonces, ¿por qué necesitamos que las personas estén cerca de nosotros para sentir seguridad? Bien podríamos estar viendo una película o simplemente sentados en la misma mesa sin hablar y aún así sentirnos plenos.
Yo creo que tiene que ver con “sentir” la energía de la otra persona como parte de ti. ¿Alguna vez has recordado un momento tan especial que puedes percibir a la persona como si estuviera presente? ¿Más allá del recuerdo? Hasta su aroma es fácilmente perceptible.
Pienso que esa percepción es más poderosa que cualquier separación, ya sea temporal, definitiva o “permanente“. Es una prueba tangible que todos estamos entrelazados más allá de nuestra comprensión, infinitamente.
Y quien sabe, a lo mejor en otro plano estamos conviviendo con las personas que ya se adelantaron a la próxima estación…
“La separación no es más que una ilusión basada en los conceptos abstractos del tiempo y el espacio. Pensamos que a través del cuerpo físico mantenemos la cercanía, sin embargo si interactuamos desde el corazón, en la profundidad del espíritu, la ilusión de la separación se desvanece”


