
Muchas veces nos hemos preguntado cuál es nuestra misión, la mayor parte de la respuesta, si no es que toda, consiste en contagiar de amor todo lo que nos rodea.
Al estar acostumbrados a “ver para creer”, podemos pensar que nuestros sentimientos e intenciones carecen de fuerza o impacto. Hasta que alguien más nos confirma que esos sentimientos e intenciones dieron resultados, es cuando recuperamos y fortalecemos nuestra fe.
En un taller reciente hablábamos de la importancia de infundir luz y amor en todo lo que hacemos, ya sean servicios, contratos, proyectos, alimentos, etc. Comenté que una vez escuché el caso de una persona que trabajaba en la fabricación de armas. No tenía la opción de cambiarse de empleo en ese momento, así que dentro de sus posibilidades, su aportación fue poner su intención para que esas armas no cumplieran su propósito y llegaran a ser obsoletas. Y así fue.
¿Te imaginas si cada cosa que hiciéramos contara con el poder de nuestra intención para que las personas recuperaran la fe? Este artículo por ejemplo, ¿qué tal si tuviera la intención de despertar o expandir el amor divino en tu corazón? Suena más utópico de lo que en verdad es.
Otro caso compartido en el taller trataba sobre la elaboración de los uniformes para la Marina. Una persona decidió incitar a los trabajadores para que hicieran su trabajo de confección con mucho amor y dedicación, el resultado fue espectacular, podías notar la maravillosa energía que irradiaba de los trajes, incluso sin haberlos vistos en persona, únicamente a través del relato.
Nuestro granito de arena por más pequeño que parezca puede hacer toda la diferencia. ¿Quién sabe? A lo mejor puedes cambiar la vida de alguien sin darte cuenta.
Mi caso muy personal de éxito fue cuando nació prematuramente una de mis hijas. Por alguna razón se adelantó el parto en la semana n.27, pesó poco menos de un kilo. Nos daban permiso de visitarla todas las mañanas y todas las noches. Como parte del programa integral del hospital, había una psicóloga que se acercaba a hablar con los papás de los bebés en terapia intensiva. Al ver todos los obstáculos y contratiempos que se nos presentaban, un día me preguntó cómo a pesar de todo pronóstico en contra, seguía yendo cada día sin falta, con la misma actitud positiva y amorosa. Mi rutina consistía en cantarle y mandarle todas las energías de amor y paz que podía. Le contesté que pese al resultado, lo que más me “llenaba” era quedarme con la satisfacción de haber hecho todo lo humanamente posible para que ella estuviera feliz durante el poquito tiempo que duraba la visita. Eso nadie me lo iba a poder quitar jamás.
Así que ahora, 20 años después, estoy todavía más segura que el amor y la intención hacen TODA la diferencia, sin mencionar el crecimiento y aprendizaje que obtuvimos.
Nuestra intención direcciona la energía para cumplir un propósito que va más allá de nuestra imaginación, debemos desprendernos de los límites auto-creados para que la luz pueda hacer su trabajo, nos sorprenderíamos de saber hasta dónde puede llegar.
Si enfocamos la atención a nuestro corazón, más fácil será descubrir el sentido que debemos dar a esa intención.


