Amor propio vs. juicio propio

Por alguna razón nos resulta más fácil alimentar el autojuicio que el autoestima. Cada vez que podemos, le damos chance a la mente para que nos critique y nos diga en qué nos equivocamos y por si fuera poco, no sólo condena lo de hoy, ¿por qué no? también lo de ayer y la semana pasada. 

Creo que el primer paso para mantenerla en observación es estar consciente de su llegada, de esta manera anticipamos sus movimientos. Con la práctica, tarde o temprano le será difícil sino es que imposible, volver a emitir su crítica sin nuestra autorización. El segundo paso es darnos todo el reconocimiento, el amor y agradecimiento que merecemos, cada día. Y el tercero, consiste en poner la intención de limpiar todas las energías generadas por nuestros impulsos calificados como aflictivos, imaginando que salen de nuestro cuerpo y son reemplazados por luz, sanación y virtudes como la bondad, el amor y la compasión.
La razón por la cual deberíamos traer al presente momentos “desagradables” del pasado no es para juzgarnos, sino para reconocerlos, sanarlos y “soltarlos”. Dejar de resistir para dejarse llevar.

Imagina que estás en una montaña rusa a punto de que comience su recorrido, puedes tensar tus brazos y piernas aferrándote al carrito o puedes dejarte llevar y disfrutar las sensaciones durante el viaje. Lo mismo aplica para lo demás, puedes lamentarte de haber tomado una “mala” decisión o puedes quedarte con lo mejor de ella, rendirte ante la situación. Y por rendirte me refiero a confiar en que el Universo está haciendo su trabajo, dándote el aprendizaje y los conocimientos necesarios para que puedas realizarte y cumplir tu propósito de vida. A veces nos aferramos a ciertas situaciones, personas, relaciones y se nos olvida que no contamos con toda la visión panorámica, limitamos nuestra percepción a un campo muy pequeño y dejamos que nuestra autoestima se ve afectada por factores ajenos a nosotros.
Cada persona presente en nuestra vida es un maestro, desempeñando un rol para que podamos aprender o desarrollar alguna cualidad como la paciencia, la humildad, el perdón, la generosidad, etc. Por eso en todas las relaciones, ya sea de pareja, laborales, familiares, académicas etc. procuremos ver lo mejor de cada quien, tanto en ellos como en nosotros, manteniéndonos despiertos para poder reconocer la lección del momento. ¡Imagina cuánto nos aman todas esas personas al haberse voluntariado para ayudarnos!

De ahora en adelante, en vez de tomarnos personal las actitudes de los demás y permitir que mermen nuestra autoestima, podemos optar por agradecerles y seguir avanzando, recordando que cada quien esta haciendo su mejor esfuerzo. 

Parte de nuestra misión, consiste en fortalecer la confianza, enaltecer los logros, virtudes y cualidades, empezando por nosotros.

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